miércoles, 4 de mayo de 2011

No puedo decir que echo de menos al inquilino porque mentiría, el trabajo de casero implica una serie de responsabilidades que acaban colmando la paciencia de cualquiera. 
Por ejemplo, puede resultar agotador intentar comunicarle que la arena del cajón tendrá que ser renovada en breve plazo a menos que quiera encontrar alguna sorpresa debajo de la cama. Una información sencilla que para el inquilino requiere un análisis profundo, ya que su cerebro necesita una eternidad para entender el lenguaje coloquial.
Así las cosas, reconozco que mi vida actual es menos estresante y no me quejaría si no fuera por el pequeño detalle de la temperatura.  ¡Oooh, cómo me gustaba tumbarme encima del radiador calentito!   A veces encuentro algo de consuelo encima de un coche recién aparcado pero se enfría pronto.
En fin, disfrutaré de la primavera y cuando llegue el otoño pensaré detenidamente en la posibilidad de adquirir un inquilino temporal, aunque tenga que encargarme de su mantenimiento.