domingo, 28 de abril de 2013

¡No me lo puedo creer!
Es indignante, humillante, deprimente, es una afrenta y una puñalada trapera en el mismo centro de mi honor.
Lo ví esta mañana, cerca de mi antiguo barrio y cerca de la maldita clínica donde… prefiero no acordarme de aquellos pinchazos.
En fin, casi me topé de frente con mi antiguo inquilino, el que me mimaba, el que limpiaba mi arenero, el que dormía en mi cama… el sinvergüenza, el ingrato, el despiadado que transportaba con todo cariño ¡¡otro casero!!
Pues sí, el muy desgraciado me ha sustituido por una gatita siamesa de color crema y ojazos azules.
Ella no lo sabe, pobre casera, pero la odio por haberme robado el  inquilino.