viernes, 28 de diciembre de 2012

Tengo un problema muy serio.
Desde hace unos días suelo cruzarme  por la acera con un individuo bastante flaco al que le falta un trozo de oreja, probablemente por alguna pelea.
No es que me falte sitio, no, debo reconocer que tengo un amplio barrio para mí solo pero es que se trata de eso precisamente: PARA MÍ SOLO.
No entiendo lo que me pasa, estoy en buenas relaciones con los chicos de la pandilla (excepto cuando las chicas están en “esos días”) y, en cambio, este tipo me pone de mala leche sólo con pasar a mi lado con ese olor que, para joder más, va dejando en gotitas por los rincones donde más me gusta sentarme a meditar.
Ya hemos tenido un par de encuentros con intercambio de bufidos y miradas feroces, si sigue en el mismo plan tendré que afilarme las uñas para defender mi territorio tan valerosamente ganado.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Anoche tuvimos una reunión en la cumbre de la biblioteca municipal.
No fue algo premeditado, lo que pasa es que la azotea  de la biblioteca tiene cierto prestigio por su escasez de tránsito molesto y por su abundancia de ratones.
Mejor dicho, tenía cierto prestigio.
Era un buen territorio de caza pero anoche se convirtió en sala de juntas. Empezamos los conocidos del barrio pero poco a poco fue llegando personal de otras zonas a pegar la oreja y comentar el pavoroso descenso de ejemplares aptos para el consumo, porque los pocos que hay están muertos y huelen a rayos.
Ha sido tan repentino que nadie se lo explica. La única pista que tenemos es el testimonio de una tricolor semi-casera que se vio obligada a abandonar su sótano cuando los inquilinos tomaron la costumbre de “desratizar”.
¿Dónde se ha visto tamaño despropósito?  ¡¡Eliminar la comida!!
En fin, hemos acordado no subir a la azotea para darle un periodo de recuperación y explotar otros barrios hasta que pase la crisis.