Tengo un problema muy serio.
Desde hace unos días suelo cruzarme por la acera con un individuo bastante flaco al que le falta un trozo de oreja, probablemente por alguna pelea.
No es que me falte sitio, no, debo reconocer que tengo un amplio barrio para mí solo pero es que se trata de eso precisamente: PARA MÍ SOLO.
No entiendo lo que me pasa, estoy en buenas relaciones con los chicos de la pandilla (excepto cuando las chicas están en “esos días”) y, en cambio, este tipo me pone de mala leche sólo con pasar a mi lado con ese olor que, para joder más, va dejando en gotitas por los rincones donde más me gusta sentarme a meditar.
Ya hemos tenido un par de encuentros con intercambio de bufidos y miradas feroces, si sigue en el mismo plan tendré que afilarme las uñas para defender mi territorio tan valerosamente ganado.