viernes, 28 de diciembre de 2012

Tengo un problema muy serio.
Desde hace unos días suelo cruzarme  por la acera con un individuo bastante flaco al que le falta un trozo de oreja, probablemente por alguna pelea.
No es que me falte sitio, no, debo reconocer que tengo un amplio barrio para mí solo pero es que se trata de eso precisamente: PARA MÍ SOLO.
No entiendo lo que me pasa, estoy en buenas relaciones con los chicos de la pandilla (excepto cuando las chicas están en “esos días”) y, en cambio, este tipo me pone de mala leche sólo con pasar a mi lado con ese olor que, para joder más, va dejando en gotitas por los rincones donde más me gusta sentarme a meditar.
Ya hemos tenido un par de encuentros con intercambio de bufidos y miradas feroces, si sigue en el mismo plan tendré que afilarme las uñas para defender mi territorio tan valerosamente ganado.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Anoche tuvimos una reunión en la cumbre de la biblioteca municipal.
No fue algo premeditado, lo que pasa es que la azotea  de la biblioteca tiene cierto prestigio por su escasez de tránsito molesto y por su abundancia de ratones.
Mejor dicho, tenía cierto prestigio.
Era un buen territorio de caza pero anoche se convirtió en sala de juntas. Empezamos los conocidos del barrio pero poco a poco fue llegando personal de otras zonas a pegar la oreja y comentar el pavoroso descenso de ejemplares aptos para el consumo, porque los pocos que hay están muertos y huelen a rayos.
Ha sido tan repentino que nadie se lo explica. La única pista que tenemos es el testimonio de una tricolor semi-casera que se vio obligada a abandonar su sótano cuando los inquilinos tomaron la costumbre de “desratizar”.
¿Dónde se ha visto tamaño despropósito?  ¡¡Eliminar la comida!!
En fin, hemos acordado no subir a la azotea para darle un periodo de recuperación y explotar otros barrios hasta que pase la crisis.






                                                                                 


miércoles, 14 de noviembre de 2012


¡Maldita sea mi estampa!
Tres días, tres, llevo sin probar bocado. Ha desaparecido del paisaje la señora simpática que deja bolitas comestibles en un comedero, no encuentro ni siquiera  una insípida cucaracha para dar trabajo a mis jugos gástricos, hasta el miserable ratón de laboratorio parece haber encontrado un rincón oscuro para hibernar y no viene a contarme sus enfermedades degenerativas.
He pensado hacer una visita por los alrededores de la pescadería pero me ha dicho un colega que está cerrada por no se qué asunto de un puente, el pobre imbécil confunde la arquitectura con la alimentación.
Una de mis chicas favoritas me ha ofrecido parte de una salchicha encontrada en la basura pero me ha salido la vena diplomática y le he dicho que no podía aceptar un regalo tan valioso  (si seré capullo).
En fin, resignación. 
Me toca cruzar la calle, caminar dos manzanas, entrar por un agujero, bajar a un sótano, saltar a un ventanuco (si está abierto), salir al patio del restaurante y poner ojazos tiernos  cuando salga la camarera que está loca por mí.
Es una suerte ser tan guapo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Me ha sentado fatal la bajada de la temperatura.
Al principio me gustó poder hacer mi ronda de mediodía sin sofocos y, lo mejor, encontrar comida decente viva o bien conservada. Pero sólo al principio.
Todo el mundo sabe que a las personas normales no nos gusta el frío pero lo toleramos, lo malo es que te pille por sorpresa, como me pasó anteayer.  Me esperaba el chaparrón desde hacía un buen rato pero tenía ganas de volver a casa, así que me la jugué a que me daba tiempo y llegué a mi refugio hecho una sopa.
Cuando vivía con mi inquilino tenía mi propia toalla y mantitas calientes para tumbarme, en cambio ahora me conformo con una caja de cartón llena de mugre.
Son los inconvenientes de la vida salvaje y libre…. ¡atchís!

viernes, 14 de septiembre de 2012

De todos los caseros que me tropiezo por la calle, los perros son los más incoherentes.
Ya es absurda esa costumbre de estudiar cada farola que encuentran, todavía es más disparatada la manía persecutoria que les domina cuando me ven (a mí o a mis amiguetes) y más aún esa moda detestable de olfatear el culo de los extraños.
Pero el colmo del desatino consiste en esa  tradición de salir a pasear llevando enganchada al cuello una correa con el inquilino atado al otro extremo. Tiene que ser  molestísimo ir tirando de una persona que sólo tiene dos patas y se mantiene en precario equilibrio.
Cualquiera diría que estos tipos sufren por su suerte pero no, todo lo contrario, caminan contentos por la vida con veinte centímetros de lengua colgando vertical y esperando el menor descuido del inquilino para llenarle de babas la cara, en un inconcebible despilfarro de afecto.

Muy pronto habría yo llevado de paseo a mi inquilino… ¡¡ JA !!

martes, 21 de agosto de 2012

Me siento solo.
Es cierto que las calles están más tranquilas, que hay menos chuchos por los alrededores y menos coches pero la verdad es que me aburro. Nadie me persigue, nadie viene a  dejar marcas de pis en mi territorio y nadie deja bandejitas con pienso en los sitios habituales.
Es de locura, hasta las ratas están de vacaciones.
Ayer me dio por recordar aquellos tiempos en que fui casero y disponía de un inquilino para mi uso personal, alguien que me cepillaba, me cortaba las uñas, mantenía limpio el arenero y compartía conmigo su comida (a veces voluntariamente). Se me saltaron las lágrimas.
Entre el calor que hace, el vacío social y el hambre que tengo,  soy la persona más desdichada del barrio. Estoy deseando que empiece el curso.

viernes, 3 de agosto de 2012

No sé para qué digo nada.
Me hice el propósito de no volver al sótano inmundo pero he tenido que reconsiderar el asunto porque es el sitio más acogedor que hay en todo mi territorio.
Precisamente en verano, cuando la gente se va a la playa  llevándose de paso  a toda esa colección de chuchos babosos y lameculos que entorpecen el paisaje durante el día, cuando las calles están tranquilas y despejadas, justo ahora hace un calor del demonio.
No hay persona que pueda soportar estas temperaturas vistiendo su  abrigo de piel auténtica y sin encontrar más bebederos que los charquitos de regar los jardines.
Vale, el suelo del sótano está pringoso pero…  taaaaaan fresquito.

domingo, 10 de junio de 2012

¡En qué momento se me ocurrió bajar!
Estaba yo cazando  al jodido ratón cuentista, dispuesto a no hacer caso de  su oratoria hipócrita y manipuladora, cuando se le ocurrió bajar al sótano donde tiene instalada su residencia.  Y le seguí.
¡Qué asco! Telarañas, polvo, grasa, desperdicios repartidos por todos lados, paredes llenas de mugre, suelo parcialmente cubierto de una sustancia viscosa, incluso trozos de vidrio que tuve que evitar cuidadosamente… un sitio repugnante.
Me habría dado media vuelta si el maldito engendro de laboratorio no hubiera empezado a contarme una de sus aventuras en el mundo de la ciencia. Siento vergüenza de mí mismo al recordar cómo fui olvidando mi objetivo mientras adoptaba posturas cada vez más cómodas sobre aquella alfombra nauseabunda.
En fin, voy a buscar un poco de hierba, me he lavado tantas veces que se me ha llenado el estómago de pelos y necesito vomitar un par de bolas.

domingo, 13 de mayo de 2012

No puedo moverme, hoy sólo me apetece lamer mi pelo y mis heridas, como suele ocurrir después de una noche emocionante.

Es lo de siempre, muchas  chicas están en “esos días” y en el ambiente se respira un aroma especial que llega desde todos los puntos del barrio.
¡Están tan guapas! Las más atractivas están muy solicitadas y los chicos tenemos que esperar turno, aunque siempre hay algún impaciente que pretende colarse y acaba discutiendo con todos.

Bueno, vale, reconozco que soy uno de los impacientes.
¡Ay, cómo escuece!

A pesar de las magulladuras  es agradable una juerga de vez en cuando;  además tengo un par de chicas fijas con las que me llevo muy bien y puedo recurrir a ellas si las otras están ocupadas con los típicos cretinos fuertes y arrogantes.
Los hay realmente bravucones, de los que bufan cuando pasas por su lado y te enseñan las uñas en plan chulo para que te alejes de su chica, así que no queda otra que dejar claro quién es quién.

Bueno, vale, reconozco que soy uno de los bravucones.
 

jueves, 26 de abril de 2012

En mi pandilla no me atrevo a comentarlo porque se reirían de mí.
Tengo el record de velocidad cazando ratones, he devorado tantos que hasta me siento culpable de su posible extinción. No es que sea insensible a las súplicas de clemencia, es que antes de que puedan abrir la boca ya los he digerido.
Soy tan malo que me asusto de mí mismo... casi siempre.
El “casi” vive en el sótano de una casa medio en ruinas, donde mis colegas y yo pasamos algunas noches cazando o contando mentiras sobre caza.
El “casi” no sólo se empeña en vivir en medio del peligro, también se entretiene en contarme su vida como ratón de laboratorio y todos los experimentos a los que tuvo que someterse, que le dejaron un montón de graves secuelas.
Varias veces he estado a punto de cenármelo pero, la verdad, esas cosas que me cuenta me tienen confundido. ¿Y si me contagia algo?

lunes, 2 de abril de 2012

He pasado unos días estupendos.
Cerca de mi zona de caza hay unos balcones que suelo evitar por las mañanas,  cuando los inquilinos riegan las plantas, pero por la tarde no hay peligro de que me estropeen el pelaje y la sombra es fresquita.
Pues eso, pasaba por debajo para aprovechar la sombra y casi me cayó encima la persona más adorable que he visto en toda mi vida:   una rubia de pelo largo, ojos color miel, naricita rosada, rabo esbelto y serpenteante, uñas larguísimas…  en fin, perfecta.
Al principio parecía aturdida pero luego se enfadó y empezó a bufar…. ¡oooooh, era deliciosa!  La llevé a mis zonas favoritas de caza y atrapó su primer ratón, también le presenté a algunos colegas de la panda aunque no tenemos mucho trato, casi consiguió trepar a un árbol a pesar de no tener costumbre y estuvimos recorriendo todo mi territorio durante las noches tranquilas.
Lástima que haya durado tan poco tiempo. Alguien debió de dar el chivatazo y su inquilino  nos encontró una tarde cuando hacíamos la siesta en mi rincón soleado favorito.
¿Creéis que se resistió ella?
Pues no, la muy traidora corrió al encuentro de aquel animal y prácticamente se arrojó en sus brazos, ronroneando descaradamente y permitiéndole toda clase de caricias obscenas. 
No he vuelto a verla… pero fueron unos días estupendos.

martes, 28 de febrero de 2012

¡Qué malito me puse ayer!
La verdad es que llevaba dos o tres días haciendo safaris inútiles, no encontraba nada vivo para comer y me sonaban las tripas con desesperación.
No me extrañaría haber perdido 200 o 300 gramos de peso.
Entonces se me ocurrió dar una vuelta por el patio de la hamburguesería y explorar los cubos de la basura. Hay que reconocer que huele bien esa carne, el aspecto es vomitivo pero huele bien.
¡¡Miaaaauuuuu!!  Me puse hasta las cejas de carne triturada, con una cosa roja y una cosa amarilla, además de otras materias que fui apartando cuidadosamente.
Pues eso, hoy estoy a base de ensalada, probando diferentes tipos de hierba para limpiar el estómago.
¡Cuánto echo de menos vomitar con aquella deliciosa hierba que me compraba el inquilino de mi casa!

martes, 17 de enero de 2012

Es indignante.
Te tumbas en un escalón para aprovechar un rayito de sol y aparece el vecino con su perro.

Te echas en el cesped del parque para relajarte un poco y llega el ciudadano con su perro.

Te cobijas debajo de un coche para protegerte de la lluvia y llega el chucho canijo unido a su dueño por cinco metros de cuerda, ladrando como si fuera alguien. Hale, busca otro coche.

Te sitúas cerca de una verja para entretenerte un rato mirando a la gente y ya está el can lameculos sacando la gaita por la reja para que respetes el territorio de su amo.

Vas a cruzar una calle y tienes que mirar a cien lados para asegurarte de que no hay perro suelto o atado largo y sin bozal.

Es indignante el abuso y la opresión que ciertas especies ejercen sobre otras simplemente porque son más grandes y hacen más ruido, obviando la prueba manifiesta de nuestra inteligencia superior:  NOSOTROS SOMOS INSUMISOS.