Ha sido menos grave de lo que yo esperaba.
Tengo que reconocer que la lluvia no me gusta y estaba un poco molesto, con el pelo empapado, tiritando de frío y bastante cabreado.
Me pilló con la guardia baja el tipo aquel, un inquilino de los que se compadecen del primer casero perdido que se cruza en su camino. ¿Quién podía imaginar tanta fuerza y tanta rapidez?
No sirvieron de nada mis maullidos indignados ni mis vanos intentos de arañar algo vivo, ni siquiera mostró un mínimo respeto cuando me frotaba con algo para secarme, el muy ignorante.
A continuación me puso un cuenco de leche ( ¡¡¡a mi edad !!! ) y salió a comprar arena, supongo porque había un arenero vacío. ¿Tal vez hubo un casero en otro tiempo?
La verdad es que me trató muy bien y me sentí culpable al abandonarlo, pero hace tiempo decidí que no son para mí las responsabilidades de cuidar un inquilino.
Podría haber sido una buena amistad pero la ventana abierta era demasiada tentación.