Por suerte, pocas veces siento nostalgia de mi pasado como casero alfa pero en esas
ocasiones me comporto como un auténtico capullo permitiendo que algún inquilino
desconocido se acerque y me toque. Incluso ronroneo para hacerle saber que
cuenta con mi permiso. En fin...
Esta mañana he tenido uno de esos momentos de flaqueza
cuando una hembra bípeda de aspecto inofensivo ha dedicado unos segundos a
lamerme el lomo, primero con una mano y luego con la otra. Lamentablemente apestaba a perfume y he
tenido que pasar buena parte de la mañana lavándome el pelo a conciencia para
eliminar el hedor.
Pensándolo bien, llevo bastante tiempo sin vomitar pelos.
Esta noche daré una vuelta por el parque y me pegaré un hartón de hierba.
Hay que darse una alegría de vez en cuando.