domingo, 18 de diciembre de 2011

El frío me mata, me mata, me mata.
En estas noches gélidas echo un poco de menos algunas ventajas de ser casero, por ejemplo la mantita encima del radiador…  el sofá mullido y tibio… las piernas del inquilino (también mullidas y tibias)… el cuenco del agua a temperatura ambiente del ambiente interior… la alfombra del salón… el edredón encima de la cama….
Naturalmente puedo asumir mi fracaso y buscar un inquilino amable.

Mmmm….
Será mejor que pase página y salga de safari  o estaré toda la noche muerto de frío y además muerto de hambre.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Ha sido menos grave de lo que yo esperaba.
Tengo que reconocer que la lluvia no me gusta y estaba un poco molesto, con el pelo empapado, tiritando de frío y bastante cabreado.
Me pilló con la guardia baja el tipo aquel,  un inquilino de los que se compadecen del primer casero perdido que se cruza en su camino. ¿Quién podía imaginar tanta fuerza y tanta rapidez?
No  sirvieron de nada mis maullidos indignados ni mis vanos intentos de arañar algo vivo, ni siquiera mostró un mínimo respeto cuando me frotaba con algo para secarme, el muy ignorante.
A continuación me puso un cuenco de  leche ( ¡¡¡a mi edad !!! ) y salió a comprar arena, supongo porque había un arenero vacío. ¿Tal vez hubo un casero en otro tiempo?
La verdad es que me trató muy bien y me sentí culpable al abandonarlo,  pero  hace tiempo  decidí que no son para mí las responsabilidades  de cuidar un inquilino.
Podría haber sido una buena amistad pero la ventana abierta era demasiada tentación.

jueves, 4 de agosto de 2011

No lo soporto, no lo soporto, no lo soporto….
Ya no sé dónde refugiarme para tener un poco de fresquito.
Lo ideal es un portal recién fregado  pero normalmente no permiten personas tumbadas en mitad del paso.
Debajo de un coche tampoco se está mal del todo, a veces corre un poquito de aire y no siempre está el suelo lleno de grasa, pero sólo se puede cerrar un ojo porque el otro hay que tenerlo abierto para tener prevista una escapada de emergencia.
Los arbustos del parque serían estupendos si no fuera por la costumbre de mojar las plantas por la mañana. No es que moleste mucho una ducha en verano pero prefiero el frío seco, así que dejo el parque para las tardes y noches.
La ventaja de este calor es que pierdo el apetito y no sufro tanto por la falta de caza diurna en los comedores habituales. Y por la noche siempre hay una víctima cansada de su encierro que sale a tomar el fresco, pobre infeliz.

sábado, 25 de junio de 2011

Las vacaciones me matan.
Esta noche he recorrido todos los cubos del barrio y apenas he podido sacar una raspa de pescado y un resto de hamburguesa.  
La vida se pone especialmente difícil cuando llega el calor y casi todos los inquilinos desaparecen.  Incluso algunos desalmados se marchan durante días y dejan al casero solo con un gran cuenco de agua y otro de pienso, postergando su obligación de mantener limpio el arenero hasta que regresan.
También ha dejado de aparecer la cajita con comestibles que suelo encontrar siempre en el mismo sitio, lo que me hace sospechar que no es un yacimiento natural de comestibles sino que me lo obsequia algún inquilino, tal vez lamentando la pérdida de su casero.  En fin, dejaré pasar unos días y volveré a ver si hay suerte y ha regresado mi benefactor.
La parte buena es la tranquilidad, poder cruzar las calles sin prisa y sin riesgo de la propia vida, el silencio y una preciosa hembra que acaba de llegar al barrio y se pasea descaradamente por mi territorio en cuanto se hace de noche.
¡Miaaaaauuuuuuuuu!

miércoles, 4 de mayo de 2011

No puedo decir que echo de menos al inquilino porque mentiría, el trabajo de casero implica una serie de responsabilidades que acaban colmando la paciencia de cualquiera. 
Por ejemplo, puede resultar agotador intentar comunicarle que la arena del cajón tendrá que ser renovada en breve plazo a menos que quiera encontrar alguna sorpresa debajo de la cama. Una información sencilla que para el inquilino requiere un análisis profundo, ya que su cerebro necesita una eternidad para entender el lenguaje coloquial.
Así las cosas, reconozco que mi vida actual es menos estresante y no me quejaría si no fuera por el pequeño detalle de la temperatura.  ¡Oooh, cómo me gustaba tumbarme encima del radiador calentito!   A veces encuentro algo de consuelo encima de un coche recién aparcado pero se enfría pronto.
En fin, disfrutaré de la primavera y cuando llegue el otoño pensaré detenidamente en la posibilidad de adquirir un inquilino temporal, aunque tenga que encargarme de su mantenimiento.

miércoles, 30 de marzo de 2011

No soporto el pescado, no lo aguanto, especialmente cuando está dentro de un cubo.
Claro que no debería ser tan exquisito, sobre todo ahora que trabajo de autónomo y no siempre puedo permitirme el lujo de elegir el restaurante.
Supongo que todo esto es un residuo de las malas costumbres adquiridas cuando el inquilino de mi casa traía todo lo necesario para alimentarnos. Tenía su encanto eso de ser casero, la comida no estaba viva pero me desquitaba cuando me tocaban los últimos trozos de su plato y era mejor todavía cuando conseguía los primeros  en secreto y con riesgo de mi propia seguridad.
Me voy a arriesgar ahora, creo que puedo alcanzar a la ventana que hay abierta al otro lado de la calle. El olorcillo a carne es tentador  aunque sea de un cadáver.

domingo, 13 de febrero de 2011

La vida tiene sorpresas inesperadas.
Ayer, a poca distancia de mi rincón soleado favorito, encontré una caja con algo comestible de origen desconocido. No estaba mal del todo.
Tomé nota de la luz ambiental, la afluencia de público, el tráfico rodado y todos los parámetros que me fue posible memorizar. En cuanto se den hoy las mismas circunstancias me dejaré caer por esa zona, a ver si tengo suerte y aparece otra ración de lo que sea.
¡Cielos!, me repugna caer en viejos vicios pero llevo una semana muy jodida. Ni una lagartija que echarme al hocico, ni un cubo destapado,  nada.
En momentos de crisis cinegética es mejor  dejarse domesticar en plan oportunista que notar el terrible y amenazador  rugido de mis tripas. Decidido, primero comeré y luego me sentiré culpable durante un ratito.

viernes, 11 de febrero de 2011

El inquilino de mi casa me llamaba Nerón cuando me llamaba.

Eso ocurría antes de que una torpeza inexplicable me hiciera caer desde el balcón y aprovechar la coyuntura para echar un vistazo por el barrio.

Al principio estaba con la empanada y sólo veía coches pero después…
¡jodeeeeeer, esto es otro mundo!

De acuerdo, es duro ganarse el sustento con la caza del inocente pero estamos hablando de carne fresca, nada que ver con esas bolas pétreas que gustaban tanto al inquilino de mi casa.
Hay gran variedad de areneros repartidos por mi territorio y suficiente caza para no pasar hambre, aunque en días malos tenga que conformarme con una insípida cucaracha. En cuanto a beber, bueno, algunas mañanas aparecen manantiales en los jardines.
Y además están las chicas, claro. Tienen sus épocas bordes pero en las otras épocas… ¡miaaaauuuuuuuuu!

En fin, ahora soy noX  y gozo de inmunidad contra  los inquilinos que pretendan convertirme en casero.
¡Je je je, no saben cómo llamarme!