domingo, 10 de junio de 2012

¡En qué momento se me ocurrió bajar!
Estaba yo cazando  al jodido ratón cuentista, dispuesto a no hacer caso de  su oratoria hipócrita y manipuladora, cuando se le ocurrió bajar al sótano donde tiene instalada su residencia.  Y le seguí.
¡Qué asco! Telarañas, polvo, grasa, desperdicios repartidos por todos lados, paredes llenas de mugre, suelo parcialmente cubierto de una sustancia viscosa, incluso trozos de vidrio que tuve que evitar cuidadosamente… un sitio repugnante.
Me habría dado media vuelta si el maldito engendro de laboratorio no hubiera empezado a contarme una de sus aventuras en el mundo de la ciencia. Siento vergüenza de mí mismo al recordar cómo fui olvidando mi objetivo mientras adoptaba posturas cada vez más cómodas sobre aquella alfombra nauseabunda.
En fin, voy a buscar un poco de hierba, me he lavado tantas veces que se me ha llenado el estómago de pelos y necesito vomitar un par de bolas.