jueves, 26 de abril de 2012

En mi pandilla no me atrevo a comentarlo porque se reirían de mí.
Tengo el record de velocidad cazando ratones, he devorado tantos que hasta me siento culpable de su posible extinción. No es que sea insensible a las súplicas de clemencia, es que antes de que puedan abrir la boca ya los he digerido.
Soy tan malo que me asusto de mí mismo... casi siempre.
El “casi” vive en el sótano de una casa medio en ruinas, donde mis colegas y yo pasamos algunas noches cazando o contando mentiras sobre caza.
El “casi” no sólo se empeña en vivir en medio del peligro, también se entretiene en contarme su vida como ratón de laboratorio y todos los experimentos a los que tuvo que someterse, que le dejaron un montón de graves secuelas.
Varias veces he estado a punto de cenármelo pero, la verdad, esas cosas que me cuenta me tienen confundido. ¿Y si me contagia algo?

lunes, 2 de abril de 2012

He pasado unos días estupendos.
Cerca de mi zona de caza hay unos balcones que suelo evitar por las mañanas,  cuando los inquilinos riegan las plantas, pero por la tarde no hay peligro de que me estropeen el pelaje y la sombra es fresquita.
Pues eso, pasaba por debajo para aprovechar la sombra y casi me cayó encima la persona más adorable que he visto en toda mi vida:   una rubia de pelo largo, ojos color miel, naricita rosada, rabo esbelto y serpenteante, uñas larguísimas…  en fin, perfecta.
Al principio parecía aturdida pero luego se enfadó y empezó a bufar…. ¡oooooh, era deliciosa!  La llevé a mis zonas favoritas de caza y atrapó su primer ratón, también le presenté a algunos colegas de la panda aunque no tenemos mucho trato, casi consiguió trepar a un árbol a pesar de no tener costumbre y estuvimos recorriendo todo mi territorio durante las noches tranquilas.
Lástima que haya durado tan poco tiempo. Alguien debió de dar el chivatazo y su inquilino  nos encontró una tarde cuando hacíamos la siesta en mi rincón soleado favorito.
¿Creéis que se resistió ella?
Pues no, la muy traidora corrió al encuentro de aquel animal y prácticamente se arrojó en sus brazos, ronroneando descaradamente y permitiéndole toda clase de caricias obscenas. 
No he vuelto a verla… pero fueron unos días estupendos.