En mi pandilla no me atrevo a comentarlo porque se reirían de mí.
Tengo el record de velocidad cazando ratones, he devorado tantos que hasta me siento culpable de su posible extinción. No es que sea insensible a las súplicas de clemencia, es que antes de que puedan abrir la boca ya los he digerido.
Soy tan malo que me asusto de mí mismo... casi siempre.
El “casi” vive en el sótano de una casa medio en ruinas, donde mis colegas y yo pasamos algunas noches cazando o contando mentiras sobre caza.
El “casi” no sólo se empeña en vivir en medio del peligro, también se entretiene en contarme su vida como ratón de laboratorio y todos los experimentos a los que tuvo que someterse, que le dejaron un montón de graves secuelas.
Varias veces he estado a punto de cenármelo pero, la verdad, esas cosas que me cuenta me tienen confundido. ¿Y si me contagia algo?
Claro! Es muy importante leer la etiqueta antes de comer el producto. Hoy día ya se sabe que es "to química".
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