domingo, 13 de febrero de 2011

La vida tiene sorpresas inesperadas.
Ayer, a poca distancia de mi rincón soleado favorito, encontré una caja con algo comestible de origen desconocido. No estaba mal del todo.
Tomé nota de la luz ambiental, la afluencia de público, el tráfico rodado y todos los parámetros que me fue posible memorizar. En cuanto se den hoy las mismas circunstancias me dejaré caer por esa zona, a ver si tengo suerte y aparece otra ración de lo que sea.
¡Cielos!, me repugna caer en viejos vicios pero llevo una semana muy jodida. Ni una lagartija que echarme al hocico, ni un cubo destapado,  nada.
En momentos de crisis cinegética es mejor  dejarse domesticar en plan oportunista que notar el terrible y amenazador  rugido de mis tripas. Decidido, primero comeré y luego me sentiré culpable durante un ratito.

viernes, 11 de febrero de 2011

El inquilino de mi casa me llamaba Nerón cuando me llamaba.

Eso ocurría antes de que una torpeza inexplicable me hiciera caer desde el balcón y aprovechar la coyuntura para echar un vistazo por el barrio.

Al principio estaba con la empanada y sólo veía coches pero después…
¡jodeeeeeer, esto es otro mundo!

De acuerdo, es duro ganarse el sustento con la caza del inocente pero estamos hablando de carne fresca, nada que ver con esas bolas pétreas que gustaban tanto al inquilino de mi casa.
Hay gran variedad de areneros repartidos por mi territorio y suficiente caza para no pasar hambre, aunque en días malos tenga que conformarme con una insípida cucaracha. En cuanto a beber, bueno, algunas mañanas aparecen manantiales en los jardines.
Y además están las chicas, claro. Tienen sus épocas bordes pero en las otras épocas… ¡miaaaauuuuuuuuu!

En fin, ahora soy noX  y gozo de inmunidad contra  los inquilinos que pretendan convertirme en casero.
¡Je je je, no saben cómo llamarme!