Por fin se han ido todos.
Durante unos días, mi territorio se ha visto
invadido por un ejército de forasteros ruidosos, constituido en su mayor parte
por cachorritos, cachorros y cachorrazos.Los cachorrazos son los peores porque producen explosiones a todas horas. No soy sólo yo, todos mis colegas del barrio hemos quedado sensibilizados y, al observar una agrupación de dos o más cachorrazos, escapamos a toda leche para evitar el dolor de oídos.
No es la primera vez que ocurre esto y siempre es a principios del invierno. Hay cierta euforia en el ambiente, tanto cachorros como adultos, cierta locura colectiva. Se mueven mucho de un sitio a otro y van siempre cargados de bolsas.
No puedo decir que sea una epidemia pero encuentro algo enfermizo en esta época del año.
Menos mal que se han ido todos, por fin.