sábado, 25 de junio de 2011

Las vacaciones me matan.
Esta noche he recorrido todos los cubos del barrio y apenas he podido sacar una raspa de pescado y un resto de hamburguesa.  
La vida se pone especialmente difícil cuando llega el calor y casi todos los inquilinos desaparecen.  Incluso algunos desalmados se marchan durante días y dejan al casero solo con un gran cuenco de agua y otro de pienso, postergando su obligación de mantener limpio el arenero hasta que regresan.
También ha dejado de aparecer la cajita con comestibles que suelo encontrar siempre en el mismo sitio, lo que me hace sospechar que no es un yacimiento natural de comestibles sino que me lo obsequia algún inquilino, tal vez lamentando la pérdida de su casero.  En fin, dejaré pasar unos días y volveré a ver si hay suerte y ha regresado mi benefactor.
La parte buena es la tranquilidad, poder cruzar las calles sin prisa y sin riesgo de la propia vida, el silencio y una preciosa hembra que acaba de llegar al barrio y se pasea descaradamente por mi territorio en cuanto se hace de noche.
¡Miaaaaauuuuuuuuu!

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