domingo, 13 de mayo de 2012

No puedo moverme, hoy sólo me apetece lamer mi pelo y mis heridas, como suele ocurrir después de una noche emocionante.

Es lo de siempre, muchas  chicas están en “esos días” y en el ambiente se respira un aroma especial que llega desde todos los puntos del barrio.
¡Están tan guapas! Las más atractivas están muy solicitadas y los chicos tenemos que esperar turno, aunque siempre hay algún impaciente que pretende colarse y acaba discutiendo con todos.

Bueno, vale, reconozco que soy uno de los impacientes.
¡Ay, cómo escuece!

A pesar de las magulladuras  es agradable una juerga de vez en cuando;  además tengo un par de chicas fijas con las que me llevo muy bien y puedo recurrir a ellas si las otras están ocupadas con los típicos cretinos fuertes y arrogantes.
Los hay realmente bravucones, de los que bufan cuando pasas por su lado y te enseñan las uñas en plan chulo para que te alejes de su chica, así que no queda otra que dejar claro quién es quién.

Bueno, vale, reconozco que soy uno de los bravucones.
 

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