No vuelve.
La ancianita generosa que deja bandejas de pienso junto a la verja del parque no ha
vuelto desde que empezó el calor, demasiado tiempo.
Al principio solía pasarme un ratito cerca de la
verja, todos los días a la misma hora, pero siempre encontraba la misma bandeja
vacía y a varios colegas tan optimistas como yo.
Los menús de la camarera simpática me alegraron
durante un tiempo, incluso el nuevo restaurante me resulta útil a pesar del
rival, pero echo de menos la bandeja de pienso compartida con los cinco o seis
amigos que venían a robarme.
En fin, no hay que perder la esperanza.
Esta mañana han traído una bandeja igual que las
de antes, con igual pienso, sólo que no la traía la ancianita conocida sino un
tipo bajito y de cabeza grande. Mis socios opinan que es una variante híbrida
de casero pero a mí me parece un cachorro, por la osadía.
El angelito pretendía quedarse junto a la comida
y acariciarnos como hace la abuela pero tendrá que venir muchas veces antes de
tener derecho a tocarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario