martes, 13 de agosto de 2013

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No vuelve.
La ancianita generosa que deja bandejas de  pienso junto a la verja del parque no ha vuelto desde que empezó el calor, demasiado tiempo.
Al principio solía pasarme un ratito cerca de la verja, todos los días a la misma hora, pero siempre encontraba la misma bandeja vacía y a varios colegas tan optimistas como yo.
Los menús de la camarera simpática me alegraron durante un tiempo, incluso el nuevo restaurante me resulta útil a pesar del rival, pero echo de menos la bandeja de pienso compartida con los cinco o seis amigos que venían a robarme.
En fin, no hay que perder la esperanza.
Esta mañana han traído una bandeja igual que las de antes, con igual pienso, sólo que no la traía la ancianita conocida sino un tipo bajito y de cabeza grande. Mis socios opinan que es una variante híbrida de casero pero a mí me parece un cachorro, por la osadía.
El angelito pretendía quedarse junto a la comida y acariciarnos como hace la abuela pero tendrá que venir muchas veces antes de tener derecho a tocarnos.

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