Menos mal que los días son más largos. El tiempo soleado me anima bastante, casi se
me olvidan las últimas semanas. ¡Vaya racha!
La primera parte consistió en unos días hecho
polvo, malito-malito, sin poder cazar ni una cucaracha para saciar el poco apetito
que tenía. Yo creo que perdí peso, por lo menos quinientos o seiscientos
gramos.¿He dicho "a punto"? La triste verdad es que llegué hasta mi antiguo barrio y pasé toda una noche tendido en el escalón del portal esperando que alguien abriera la puerta -hay que ser imbécil para hacer una cosa tan tonta cuanto todos sabemos el horario tan raro que usan los inquilinos para dormir- cosa que me afectó provocando una recaída en las toses y los mocos.
Pues sí, durante unos días sentí un deseo irrefrenable de volver a dormir en una cama grande, recostarme encima del radiador, trepar por las cortinas de la sala, revolver el cubo de la basura, esconderme en el armario ropero, atacar por sorpresa los pies de mi inquilino cuando iba descalzo, beber siempre agua limpia y comer... comer... ¿comer? ¡sí, comer pienso! Vale, no es carne fresca pero aparece dos veces al día y además, con suerte, se le puede añadir un pájaro vivo llegado por la ventana.
Como ya dije, menos mal que el tiempo soleado me anima bastante. No dejo de pensar que he estado a punto de cometer una locura.
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