domingo, 20 de julio de 2014

Ya estoy de vuelta en el barrio, me parece hasta mentira.
La verdad es que me creía a salvo de todo después de haber superado el ataque de añoranza en el portal de mi antigua casa. Ni siquiera el recuerdo del inquilino pudo convencerme de recuperar mi propiedad, a pesar de ser un alojamiento decorado a mi gusto y con todas las ventajas de una atención personalizada.
No contaba yo con la bípeda insolente que me secuestró aprovechando que estaba absorto en mi tarea de renovar las marcas de olor. Bípeda insolente y hedionda, empapada de perfume ácido hasta provocar náuseas incluso en un sujeto como yo, acostumbrado a los rigores de la vida.

Han sido unos meses de locura.  Sólo una vez conseguí, en un descuido, subir al poyete de la ventana pensando ingenuamente que escapar de allí sería como saltar desde mi primer domicilio. ¡Ja!  Una cosa es saltar y otra arrojarse al vacío.
La comida, abundante pero simple, como la que suelen proporcionar los inquilinos a cualquier casero. El cuenco de agua siempre lleno. El arenero casi siempre limpio y con un delicioso olor a lejía. Abundancia de rascadores por todas partes: alfombras, cortinas, butacas... 
Todo correcto excepto El Otro.
El Otro me dejó bien claro lo que son derechos adquiridos y pasé la mayor parte del tiempo de cautiverio acorralado en alguno de los agujeros que pude ocupar. El muy cretino temía que yo intentara robarle la inquilina, como si el olor que usaba ella no fuera suficiente para espantar a una persona refinada como yo.

Afortunadamente existen unos tipos llamados carteros. No es frecuente pero en ocasiones entregan cosas a los inquilinos a través de la puerta.
No esperé a la segunda oportunidad. No me vieron escabullirme escaleras abajo mientras intercambiaban cosas, ni me vio ningún vecino llegar abajo, ni me vieron esperando en un rincón oscuro y el inquilino que entraba tampoco me vio deslizarme a la calle. Fue tan rápido como cazar una cucaracha coja.

Y aquí estoy, renovando mis marcas y estudiando marcas ajenas para localizar a mis antiguos colegas de pandilla. 
También es verdad que llevo dos días sin probar bocado. En fin...

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