Me parece que soy padre.
Estas cosas nunca son seguras (y menos cuando la
madre es una tricolor con multitud de pretendientes) pero alguna vez me tenía
que tocar a mí.Lo cierto es que al regresar de mi encierro involuntario y tomar contacto con la pandilla noté la falta de Tricolor porque se suele poner muy pesada conmigo. No me dio tiempo a preguntar. Aún no había conseguido atrapar ningún bocado apetitoso cuando apareció ella con una pequeña pandilla de cachorros... ¡y uno era negro! Sólo uno, los demás no eran tan bonitos.
Ahora que tengo responsabilidades he considerado la posibilidad de aprovechar el tiempo libre cazando algo para los pequeños pero Tricolor me ha dicho que ya se apaña ella sola y que sabe lo que tiene que hacer. Supongo que habrá dicho lo mismo al otro padre (o padres).
Tonterías, ella sabe que la pandilla siempre comparte la comida que aparece cada día junto a la tapia del colegio.
Ahora sólo falta que sea un chico y tenga los ojos verdes, como yo. Sería estupendo.
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