Ha sido una pesadilla desde el principio hasta el final.
Empezó cuando se me quedó una pata atrapada en unos
alambres; conseguí salir pero con una herida bastante fea que dolía mucho. Me
sentía muy mal.
Entonces se acercó gente, dos o tres cachorros bípedos, y me
llevaron a un sitio espantoso donde empezaron a tocarme la herida, como si no
tuviera bastante dolor con el que tenía, después me colocaron en la cabeza un
artilugio que me impedía limpiar la pupa como es debido y, para rematar la
tortura, me dejaron encerrado en un cubículo tan pequeño como el fregadero de
mi antiguo inquilino.
La verdad es que la herida se curó bastante bien teniendo en
cuenta la chapuza que hicieron conmigo. Pero esto no fue todo. De esa celda me
llevaron a otra igual, transportado en una jaula diminuta. ¡¡Joder, qué mal
rato!! Y luego vino lo peor, días y días prisionero, otra operación que
prefiero no recordar, otra vez pasar de mano en mano, otro viaje en jaula
diminuta para descubrir al final que vuelvo a ser casero.
En la casa no hay un inquilino sino dos, macho y hembra, que
me dejaron en un cuarto con todas las puertas abiertas. He salido de la jaula
para beber agua pero no tengo mucho apetito.
Creo que esperaré un poco antes de salir a explorar el
territorio, no hay ruido de cachorros pero nunca se sabe.
Me alegro por Nox. Las calles no son seguras hoy día.
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